Mostrando las entradas con la etiqueta Ateísmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ateísmo. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de marzo de 2011

Ateísmo y compasión / Atheism and compassion

Hace unos días, CNN publicó un artículo titulado “Finding faith amid disaster” (Encontrando Fe entre el desastre). En este artículo, el autor hizo, en referencia a los desastres en Japón, la siguiente pregunta a representantes de diferentes religiones: “¿Por qué Dios permitió que esto sucediera?” Sam Harris, un conocido ateo, también fue entrevistado y ésta fue su respuesta:
“O Dios no puede hacer nada para impedir catástrofes como ésta, o no le importa hacerlo o no existe. Dios o es impotente, maligno o imaginario. Toma tu decisión y escoge sabiamente.

El único sentido que podemos hacer de estas tragedias es que cosas terribles le pueden ocurrir a personas perfectamente inocentes. Este entendimiento inspira compasión.

La fe religiosa, en cambio, erosiona la compasión. Pensamientos como 'esto ha de ser parte del plan de Dios,' o 'no hay accidentes en esta vida,' o 'todo mundo recibe, en mayor o menor medida, lo que merece' -estas ideas no sólo son estúpidas, son extremadamente insensibles. No son mas que un rechazo infantil a conectar con el sufrimiento de otros seres humanos. Es hora de crecer y dejar que nuestros corazones se rompan en momentos como éste.”
Me sorprende que el co-fundador y CEO de Project Reason (Proyecto Razón) pueda decir cosas tan irracionales. Sus comentarios no sólo son precipitados sino lógicamente equívocos. Sus primeras palabras son: “O Dios no puede hacer nada para impedir catástrofes como ésta, o no le importa hacerlo o no existe. Dios o es impotente, maligno o imaginario.” Esa es una conclusión bastante atrabancada. Si reordenamos sus palabras para seguir su línea de pensamiento leeríamos lo siguiente: “Si Dios existe y es todopoderoso y amoroso, entonces cosas malas no pueden ocurrirle a gente inocente. Sí le ocurren, por tanto, Dios no existe, es incapaz de impedirlas o es malo.” Que esto es una falacia, y una bastante antigua, es evidente. No hay ninguna conexión lógica entre que Dios permita que algo malo ocurra y que no exista, no pueda impedirlo o que no le importe. Eso sólo es mala lógica. Claro que la pregunta sigue abierta: si Dios realmente es bueno y todo amor entonces ¿por qué permite que cosas como ésta sucedan? Una analogía puede ayudarnos a entender esto. Supongamos que un padre le está enseñando a su hijo a caminar. Todos hemos presenciado esto: el padre sostiene la mano de su hijo mientras éste da sus primeros pasos, pero luego la suelta para que pueda caminar por sí solo. ¿Seríamos tan ingenuos como para acusar al padre de ser impotente, maligno o imaginario si su hijo se cae? El padre tiene el poder para evitar que caiga, se preocupa si su hijo se cae y definitivamente existe y aún así permite que ocurra. Lo hace porque le está dando a su hijo la oportunidad de crecer. Si constantemente impide que caiga, el niño jamás aprenderá a caminar. Regresaremos a este punto más adelante.

Ahora podemos analizar sus palabras respecto a que la fe religiosa erosiona la compasión en las personas. Hay varias cosas que son falsas en estos comentarios. En primer lugar, coloca a todas las religiones en el mismo nivel. No habla de la “fe cristiana” o la “fe judía” sino de la “fe religiosa” y, por tanto, concluye que todas las personas religiosas son iguales (¿acaso no es esa la esencia de todo sentimiento de intolerancia?) Por tanto, si una religión erosiona la compasión, entonces todas lo hacen. Resulta curioso que se le olvide mencionar que los regímenes menos compasivos han sido los regímenes ateos, pero eso es tema para otro día. No me quiero enfocar en sus errores de lógica sino en el hecho de que lo que dice es completamente falso. Las diferencias tan notorias entre las distintas religiones se distinguen claramente en las respuestas que dan los demás entrevistados. Una religión que no cree en ningún dios, como el budismo, va a ser muy distinta a una religión que sí cree en uno. Gente que tiene fe en un dios personal no va a actuar de la misma forma que gente que cree en un dios impersonal. Incluso dentro del cristianismo hay diferencias notorias. Todas las religiones son diferentes aún cuando algunas tienen mucho en común. A pesar de ello, todas y cada una de las personas entrevistadas mencionó la importancia de ser compasivos con las víctimas, con lo que le prueban al señor Harris lo equivocado que está.

Esto me lleva a mi último punto. El señor Harris es muy directo cuando dice lo que piensa sobre las ideas religiosas: son estúpidas y dañinas. Son un “rechazo infantil a conectar con el sufrimiento de otros seres humanos.” No sé mucho de otras religiones pero sé que ese no es el caso con la religión católica. La idea de compasión permea al cristianismo. La raíz del término “compasión” es la palabra latina compassio, sufrir con, y eso es exactamente por lo que creemos que Dios se hizo hombre. Dios se encarnó para sufrir con y por nosotros. Él no espera menos de nosotros y por eso al final de nuestras vidas seremos juzgados por lo que hicimos por el menor de entre nuestros hermanos (Mateo 25: 31-46). Cómo puede semejante creencia erosionar la idea de compasión va más allá de mi entendimiento. Quizá el señor Harris, un no-cristiano, sepa algo sobre el cristianismo que yo, siendo cristiano, no sepa.

Nosotros no creemos que Dios haya causado este desastre ni creemos que la gente de Japón lo merezca. Quizá haya religiones que crean eso pero esa ciertamente no es una creencia cristiana. Si Dios permitió que ocurriera (y eso no implica que lo haya causado), es porque busca sacar bien incluso de lo malo. Anteriormente dije que la analogía del padre y su hijo nos puede ayudar a entender por qué Dios permite que le ocurran cosas malas a gente buena. Eso es porque, así como el padre permite que su hijo caiga para que pueda aprender a caminar, Dios permite que haya sufrimiento para que nosotros podamos aprender a ser compasivos. Si no hubiera sufrimiento, no podría haber compasión. Pues ¿cómo puedes “sufrir con” si no hay nadie sufriendo?

Como todo ateo con el que me he topado, el señor Harris está en lo correcto, pero no en la forma en que cree que lo está. Es verdad que necesitamos “crecer y dejar que nuestros corazones se rompan” pero eso sólo es posible porque Dios dejó que su corazón fuera atravesado primero. Sólo podemos “sufrir con” otros porque Dios sufrió con nosotros al grado de compartir incluso la muerte.



CNN published an article in its Belief Blog a few days ago titled “Finding faith amid disaster.” In this article, the author asked several representatives of different religions the following question concerning the disasters in Japan: “Why did God allow this to happen?” Sam Harris, a renowned atheist, was also interviewed and this was his response:
“Either God can do nothing to stop catastrophes like this, or he doesn’t care to, or he doesn’t exist. God is either impotent, evil, or imaginary. Take your pick, and choose wisely.

The only sense to make of tragedies like this is that terrible things can happen to perfectly innocent people. This understanding inspires compassion.

Religious faith, on the other hand, erodes compassion. Thoughts like, 'this might be all part of God’s plan,' or 'there are no accidents in life,' or 'everyone on some level gets what he or she deserves' - these ideas are not only stupid, they are extraordinarily callous. They are nothing more than a childish refusal to connect with the suffering of other human beings. It is time to grow up and let our hearts break at moments like this.”
I am surprised that the co-founder and CEO of Project Reason (as if rational thought were exclusive of atheists) can say such unreasonable things. His statements are not only rash but logically flawed. His very first words are: "Either God can do nothing to stop catastrophes like this, or he doesn’t care to, or he doesn’t exist. God is either impotent, evil, or imaginary." That is quite a hasty conclusion. If we rearrange his words to follow his train of thought (or lack thereof) we would read this: “if God exists and is all-powerful and all-loving then bad things cannot happen to innocent people. They do happen; therefore, God does not exist, is impotent or is plain evil.” That this is a fallacy, and one which has been around for a long time, is evident. There is no logical connection between God allowing something bad to happen and God existing, God being incapable of stopping it or God not caring about it. That is just bad logic. Of course, the question then arises, if God truly is good and all-loving then why does He allow things like these to happen? An analogy might help us to understand this. Suppose a father is teaching his son how to walk. We have all seen this: the father holds his son's hand for the first steps but then he lets go in order for the child to walk on his own. Would we be so naive as to accuse him of being impotent, evil or imaginary if his son falls? The father has the power to prevent him from falling, he cares about his son falling and he most definitely exists, yet he still allows it to happen. He does this because he is giving his son the opportunity to grow. If the father keeps him from falling every single time, the child will never learn to walk. We will come back to this point later.

Let us now proceed to analyze his words on religious faith eroding compassion. Several things stick out as false in these statements. In the first place, he is placing all religions on the same level. He does not speak of Christian faith or Jewish faith but of religious faith and so, he concludes, all religious people are the same (is that not the essence of intolerance?). Therefore, if one religion erodes compassion, all of them do. It is funny that he forgot to mention that the least compassionate regimes have been non-religious, but that is a whole different topic. I do not want to focus on the logical errors of this, but, rather, on its falsehood. The significant differences between religions are very clear in the responses that the various religious representatives gave. A religion that does not believe in a god, such as Buddhism, is going to be completely different than a religion that does. People who have faith in a personal god will not act in the same way than people who have faith in an impersonal one. Even within Christianity differences are notorious. All religions are different, even when some of them have much in common. Despite all those differences, every single one of the people that were interviewed made a reference to compassion, proving Mr. Harris wrong.

That leads me to my final point. Mr. Harris is very direct in what he thinks of religious ideas: they are stupid and harmful. They are “a refusal to connect with the suffering of other human beings.” I do not know about other religions, but I know that that is not the case with Catholicism. The idea of compassion permeates all of Christianity. The root of the term “compassion” is the Latin word compassio, to suffer with, and that is exactly why we believe that God became man. God became man to suffer with and for us. And He expects no less from us, for, at the end of our lives, we will be judged by what we did for the least of our brothers (Mt. 25: 31-46). How this belief can erode compassion is something that goes beyond my understanding. Perhaps there is something that Mr. Harris, a non-Christian, knows about Christianity that I, a Christian, do not know.

We do not believe that God caused this disaster, nor that the people of Japan somehow deserved it. There might be religions that believe that but Christianity certainly does not. If God allowed it (which does not imply that He caused it), it is for some higher purpose. I said before that the analogy of a father and his son learning to walk can help us understand why God allows bad things to happen to good people. That is because, just like a father allows his son to fall in order for him to learn how to walk, God allows suffering in the world so we may learn how to be compassionate. Without suffering there can be no compassion, how can you “suffer with” if there is no one who suffers?

As every atheist I have encountered before, Mr. Harris is right, except he is not right in the way he thinks he is. We do need to “grow up and let our hearts brake” but we can only do so because God let His heart be pierced first. We can only “suffer with” others because God suffered with us to the point of sharing even death.

domingo, 2 de enero de 2011

Navidad y los Ateos / Christmas and Atheists

Hace unas semanas, un grupo de ateos pagó por poner un anuncio espectacular con un Nacimiento y la frase: “Sabes que es un mito. Esta temporada, celebra a la razón.” Hay algo que encuentro muy curioso acerca de todo esto. Resulta que este grupo de ateos tiene razón. Sin embargo, no la tienen en la forma en que ellos lo creen.

Los cristianos siempre han aceptado que la Navidad es un mito, pero no en el sentido de que sea una fantasía o un cuento de hadas. Los mitos se inventaron como explicaciones de una realidad. No buscan explicar las cosas de forma científica o lógica. Ese no es su propósito. Los mitos buscan la Verdad a través del arte y la belleza. Por eso siempre han sido presentados como historias, como poemas o como dramas. Siempre hay un elemento épico en los mitos y este elemento también se encuentra en el drama de la Navidad. Antiguas profecías finalmente cumplidas, grandes señales en el cielo, la inversión del orden del universo, son todos partes de la tradición navideña. En ninguna parte está más presente este sentimiento épico que en la proclamación solemne del nacimiento de Cristo que se recita durante la Misa de Navidad:

Hoy, veinticinco de diciembre, millones de años desde el tiempo en que Dios creó los cielos y la tierra y luego formó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza.
Miles de años después del diluvio, cuando Dios hizo resplandecer el arcoíris como signo de su alianza.
Veintiún siglos desde el tiempo de Abraham y Sarah; trece siglos después de que Moisés liberó al pueblo de Israel de Egipto.
Mil cien años desde los días de Ruth y los Jueces; mil años desde la unción de David como rey; en la semana sesenta y cinco de acuerdo con la profecía de Daniel.
En la ciento noventa y cuatro Olimpiada de Grecia; en el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de Roma.
En el año cuarenta y dos del reinado de Octavio Augusto; estando el mundo entero en paz, Jesucristo, eterno Dios e Hijo eterno del Padre, deseando santificar el mundo con su misericordiosa venida, habiendo sido concebido por el Espíritu Santo y nueve meses después de su concepción, nació en Belén de Judá de la Virgen María.
Hoy es la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne.

La gran diferencia con todos los mitos previos es que el mito de la Navidad es, en las palabras de Chesterton, “demasiado bueno para ser cierto, excepto que es cierto.” Es demasiado bueno para ser cierto porque satisface el anhelo que los mitos no han logrado satisfacer. Esas maravillosas historias que fueron creadas por el instinto poético de los hombres eran incapaces de satisfacer nuestro deseo por la Verdad. Eran insuficientes, pues las palabras humanas eran insuficientes. Donde las palabras humanas fracasaron, la Palabra hecha Carne triunfó. El nuevo poema mitológico no lo escribió hombre alguno sino Dios mismo. El Logos, la Verdad misma, se volvió garante de que este nuevo mito no era simplemente una bella explicación de toda realidad, sino también una explicación verdadera.

Este grupo de ateos también está en lo correcto al decir que es una temporada en la que debemos celebrar a la razón. En lo que están mal es en asumir que no es lo que ya hacemos. La Navidad es la celebración de la racionalidad pues es la fiesta de la Palabra Encarnada, del Logos hecho Hombre. Celebramos la Razón que está detrás del orden del universo, la Razón en la cual nuestra razón tiene su origen. Mientras este grupo busca celebrar la limitada razón humana, los cristianos celebramos la Razón sin la cual la nuestra ni siquiera existiría. La razón que estos ateos están tan ansiosos de celebrar está limitada, principalmente, por tratarse de la razón humana, la cual, como la experiencia nos ha mostrado en repetidas ocasiones, es susceptible al error. Más aún, su visión de lo que es la razón humana es aún más estrecha pues sólo consideran como racional lo que es “científico”. Esto deja fuera tantas facetas de la razón humana que uno sólo puede reírse de la irracionalidad de esta creencia.

Así como el lado poético del hombre buscó satisfacción en la mitología, el lado intelectual del hombre buscó consuelo en la filosofía. La filosofía pretendía llegar a la Verdad a través de la razón y la lógica. Sin embargo, aún la mejor filosofía resultó incapaz de contestar las preguntas más apremiantes de la existencia humana. La ciencia no ha podido explicar el orden físico del mundo, menos aún podrá explicar las cuestiones con las cuales tiene que lidiar la filosofía. Si la filosofía no pudo satisfacer ese anhelo intelectual del hombre, tampoco lo podrá hacer la ciencia. En la misma forma en que la Palabra Divina fue requerida para escribir ese poema mítico perfecto, la Lógica Divina fue necesaria para mostrarnos el verdadero orden del mundo. El Logos garantiza la existencia de ese orden, su Encarnación nos lo hace accesible.

Tanto la mitología como la filosofía representan dos caminos para buscar la Verdad. Uno se manifiesta en la intuición del artista, el otro en la lógica del pensador. Representan dos deseos profundamente asentados en el alma humana: el deseo por la Belleza y el deseo de un Orden racional. En lo que la mitología fracasó artísticamente, la filosofía fracasó intelectualmente. La razón humana resultó insuficiente. Ambos deseos quedaron sin satisfacer. Quizá por la frustración que esto ha de haber causado, ambos entraron en conflicto. A los filósofos se les atacó por su falta de piedad, los mitos fueron desechados como mera superstición. El hecho es que ambos parecían irreconciliables. Al final, los hombres se quedaron con las manos vacías. Así, cuando todo parecía perdido; cuando la gente ya no creía en los mitos de la religión pagana; cuando la filosofía estaba dando paso al escepticismo; cuando la evidencia del fracaso de estos dos para llevar a los hombres a la Verdad estaba conduciendo a todos a la desesperación que caracterizó al final del mundo antiguo, Cristo nació. Fue en el Logos, en la Palabra hecha Carne, que los dos fueron finalmente unidos. En el Logos, Belleza y Razón hallaron reposo en la Verdad. Es en el misterio de la Encarnación que estos dos deseos son finalmente realizados. Los dos anhelos de la humanidad se satisfacen en Belén. En el portal de Belén, se encuentran arrodillados ante el Logos los pastores, creadores de mitos, y los Sabios de Oriente. Ante el Logos se postran la mitología y la filosofía.

Esto es lo que creemos los cristianos acerca de la Navidad. Al parecer, los ateos creen lo mismo.



Recently, a group of militant atheists paid to setup a billboard with a Nativity scene and the phrase: “You know it's a myth. This season, celebrate reason.” There is something that I find amusing about this billboard. As it turns out, this group of atheists is right. However, they are not right in the way they think they are.

Indeed, Christians accept Christmas to be a myth, but not in the sense of it being a fantasy or a fairytale. Myths were invented to explain things. However, they are not meant to explain things scientifically or even logically. That is not their purpose. Myths seek Truth through art and through beauty. That is why myths have always been presented as stories, as poems or as drama. There is always an element of the epic in myths and this element is also present in the drama of Christmas. Ancient prophecies finally fulfilled, great signs in heaven, the order of the universe inverted, are all a part of our Christmas tradition. Nowhere is this epic sentiment more present than in the proclamation of the birth of Christ that is recited during the Christmas Mass:

Today, the twenty–fifth day of December, unknown ages from the time when God created the heavens and the earth and then formed man and woman in his own image.
Several thousand years after the flood, when God made the rainbow shine forth as a sign of the covenant.
Twenty–one centuries from the time of Abraham and Sarah; thirteen centuries after Moses led the people of Israel out of Egypt.
Eleven hundred years from the time of Ruth and the Judges; one thousand years from the anointing of David as king; in the sixty–fifth week according to the prophecy of Daniel.
In the one hundred and ninety–fourth Olympiad; the seven hundred and fifty–second year from the foundation of the city of Rome.
The forty–second year of the reign of Octavian Augustus; the whole world being at peace, Jesus Christ, eternal God and Son of the eternal Father, desiring to sanctify the world by his most merciful coming, being conceived by the Holy Spirit, and nine months having passed since his conception, was born in Bethlehem of Judea of the Virgin Mary.
Today is the nativity of our Lord Jesus Christ according to the flesh.

The difference with all previous myths is that the myth of Christmas is, in the words of Chesterton, “too good to be true, except that it is true.” It is too good to be true because it satisfies the craving that myths failed to satisfy. Those wonderful stories that were created by the poetical instinct of men were not enough to satisfy our yearning for Truth. They were insufficient because human words were insufficient. And so, where human words failed, the Word made flesh succeeded. This new mythological poem was not written by any man but by God Himself. The Logos, Truth itself, became the guarantor that this new myth was to be not only a beautiful explanation of all reality, but a true explanation as well.

This group of atheists was also right in saying that this should be a season to celebrate reason. They were wrong in assuming we do not already. Christmas is the celebration of rationality because it is the celebration of the Incarnate Word, of the Logos made flesh. We celebrate the Reason behind the order of the universe, the Reason from which our own reason is derived. While this group seeks to celebrate the limited reason of man, Christians celebrate the Reason without which our reason would not even exist. The reason which these atheists are so eager to celebrate is limited, mainly, because it is the reason of man, which, as experience has shown us repeatedly, is quite prone to error. Furthermore, their vision of human reason is even narrower because the only consider as rational that which is “scientific”. This leaves out so many facets of human reason that one can only laugh at the irrationality of this belief.

Just like the poetic side of Man sought satisfaction in mythology, the intellectual side of Man sought comfort in philosophy. Philosophy tried to reach Truth through reason and logic. Yet even philosophy at its finest was insufficient to answer the most pressing questions of human existence. Science has not been capable of explaining the physical order of the world, let alone will it explain the many questions that philosophy raises. If philosophy could not satisfy that intellectual desire of mankind, science will not achieve it either. In the same way in which the Divine Word was needed to write that perfect mythical poem, the Divine Logic was needed to show us the true order of the world. The Logos guarantees the existence of this order; His Incarnation makes it accessible to us.

Both mythology and philosophy represent different ways of approaching Truth. One is made manifest in the intuition of the artist, the other in the logic of the thinker. They represent two of the deeply rooted desires of the human soul: the desire for Beauty and the desire for a rational order. Yet, where mythology failed artistically, philosophy failed intellectually. Human reason was proven to be insufficient. Both these desires were left unsatisfied. Perhaps due to the frustration caused by this, both found themselves in conflict with each other. Philosophers were attacked because of their impiety; myths were discarded as mere superstition. The fact was that they seemed irreconcilable. In the end, men were left with nothing. And then, when all seemed lost; when people no longer believed in the myths of the pagan religion; when philosophy was giving way to skepticism; when the evidence of the failure of these two in leading men to Truth was leading men into the despair that characterized the end of the ancient world, Christ was born. It was in the Logos, in the Word made flesh, that both were finally united. In the Logos, Beauty and Logic found repose in Truth. It is in the mystery of the Incarnation that these two desires were finally fulfilled. The two yearnings of mankind find their satisfaction in Bethlehem. In the manger are knelt before the Logos the shepherds, makers of myths, and the Wise men of Orient. Before the Logos are prostrate mythology and philosophy.

This is what we Christians believe about Christmas. It seems that atheists believe the same thing.

lunes, 6 de abril de 2009

Diálogos sobre el ateísmo

La última edición de la revista Letras Libres (Si Dios no existe…, marzo 2009) trata sobre el ateísmo. En este número, nos encontramos con una serie de textos escritos por creyentes y no creyentes que se intercalan, dándole la sensación de un diálogo entre ambas posturas.

El primer artículo fue escrito por Steven Weinberg, premio Nóbel de Física. Después de varias páginas de explicación de por qué las creencias religiosas se están debilitando, nos encontramos con su conclusión acerca de cómo vivir sin Dios. Lo primero que afirma es algo que los creyentes siempre han dicho: “no encontramos ningún sentido a la vida dispuesta para nosotros en la naturaleza, tampoco un fundamento objetivo para nuestros principios morales, ni correspondencia alguna entre eso que pensamos que es la ley moral y las leyes de la naturaleza […]. La ciencia también nos enseña que los sentimientos que más atesoramos (el amor por nuestro cónyuge, por nuestros hijos) son posibles gracias a procesos químicos que tienen lugar en nuestros cerebros, y que estos son resultado de la selección natural y de sus mutaciones aleatorias que han operado durante millones de años.” Hasta aquí, como mencioné más arriba, no hay ninguna novedad. Uno de los principales argumentos contra el ateísmo consiste precisamente en que la vida y el mundo pierden sentido. Lo interesante del asunto es la propuesta de Weinberg para “solucionar” este pequeño inconveniente: “El humor, […], ayuda. Así como nos reímos con empatía, sin desdén, cuando vemos a un bebé de un año luchando por mantenerse en pie cuando da sus primeros pasos, podemos sentir una jovialidad empática hacia nosotros mismos, cuando nos vemos intentando vivir en equilibrio sobre el filo de una navaja.”

Yo no dudo que el humor sea necesario para hacer más llevadera nuestra existencia en esta Tierra. Es básico para no tomarnos demasiado en serio y para evitar caer en la desesperación o la locura ante tantos detalles tontos que hieren nuestro orgullo. Pero considerar que toda nuestra existencia no es más que un cruel chiste de la casualidad y que como tal debemos aceptarla me parece una simpleza sin igual. El humor me ayuda a superar las torpezas que ocasionalmente cometo, pero ¿cómo va a justificar mi sufrimiento ante la pérdida de un ser querido o ante una enfermedad sin cura? ¿Cómo me voy a reír ante mis propias penas si no tienen sentido? Weinberg advierte que el ateo debe evitar el nihilismo, pero yo no veo otro camino que no sea el del autoengaño (con mucho humor, claro está).

De ahí podemos pasar al artículo El espejismo ateo de John Gray donde habla, precisamente, de las insensateces en las que caen los que irónica, pero muy acertadamente, denomina “ateos evangélicos”. Es decir, aquellos ateos militantes que exigen tolerancia para sus creencias (o falta de ellas) pero no toleran que los demás crean en algo. Aquí encontramos a todos aquellos que afirman, como si de un dogma se tratara, que la religión está condenada a desaparecer porque la humanidad ha dejado atrás la etapa religiosa para entrar a la edad científica. Lo más curioso de toda la situación es que esas mismas afirmaciones se han hecho a lo largo de la historia y han demostrado una y otra vez ser falsas (si no pregúntenle a Augusto Comte y a los positivistas).

Sin embargo, y más allá de las afirmaciones que muchos ateos pretenden fijar en tablas de piedra, como si de los diez mandamientos se tratara, me llamó particularmente la atención la insensatez en que cae Fernando Savater al escribir ¿Es tolerable la tolerancia religiosa? Después de páginas de un bello discurso acerca de la tolerancia, procede en un sentido totalmente opuesto. De decir que una creencia religiosa “puede reclamar respeto”, procede a acusar a “cada iglesia o corporación religiosa” de tener “en su esencia misma la intransigencia.” Misma intransigencia que pretende aplicarles con su última afirmación: “conviene recordar que en ciertas cuestiones una dosis de intransigencia forma parte insustituible de la salud mental y moral”. Qué paradójico que diga esto porque si lo que hiciéramos fuera tener “una dosis de intransigencia” hacia las sandeces arreligiosas, seríamos inmediatamente acusados de intolerantes y opresores (y de inquisitoriales, acusación que le encanta a los enemigos de la religión). Qué paradójico que los mismos que acusan a los creyentes de tener una doble moral sean los que realmente (y abiertamente) la tengan.

Ahora bien, yo estoy de acuerdo con que debe haber una pequeña “dosis de intransigencia” hacia las ideas estúpidas, sin sentido o inhumanas. Por ejemplo, a las afirmaciones de Savater de que no debemos tolerar la educación religiosa y sólo impartir educación científica. ¿Cómo sería mejor darles sólo educación científica a los niños cuando los enunciados de la Ciencia cambian frecuentemente? No hace muchos años nos hacían repetir incansablemente que existían nueve planetas en el Sistema Solar, incluyendo uno llamado Plutón, cosa que hoy, los próceres de la ciencia niegan. En cambio, lo que es inmutable y que, por lo menos en el caso del cristianismo, ha permanecido a lo largo de más de 2 mil años, debemos desecharlo. ¡Eso no tiene ningún sentido! Sin embargo, afirmar eso me hace un intolerante y, ya que no soy un filósofo best-seller como Savater (lo cual, a mis ojos, le resta valor filosófico) hace que la “dosis de intransigencia” se me aplique a mí. Oh ironías del mundo posmoderno…