martes, 22 de febrero de 2011

¿Deberíamos de abolir el celibato? / Should we abolish celibacy?

Hace unas semanas, un grupo de teólogos de universidades católicas en Alemania, Suiza y Austria, publicaron un desplegado pidiendo una reforma profunda de la Iglesia. Entre sus peticiones, las cuales reflejan más el espíritu de la época que un espíritu de reforma, estaba la demanda de poner fin al voto de celibato para los sacerdotes. Esto en respuesta a “la crisis sin precedentes” por la que está atravesando la Iglesia.

Estos teólogos sostienen, al menos implícitamente, que es la práctica del celibato la que ha causado dos de los más serios problemas a los que se está enfrentando la Iglesia: el escándalo de abusos de menores y la caída en vocaciones religiosas. Esto es lo mismo que muchos críticos y “expertos de opinión” (que harían mayor bien guardándose sus opiniones) han estado repitiendo constantemente. Esto es algo que incluso muchos católicos bienintencionados, pero claramente ingenuos, han llegado a creer. Sin embargo, ninguna de estas personas se ha preguntado: “¿acaso esto es cierto?” Simplemente han pensado: “todos lo están diciendo, por tanto, ¡debe ser cierto!”

Ahora bien, lo maravilloso de la Iglesia Católica es que sus creencias no están enraizadas en la opinión pública sino en la Verdad. Por lo mismo, si la ley del celibato llega a ser en algún momento dado abolida o cambiada (lo cual es una posibilidad dado que, contrario a lo que dicen en los medios, no es un dogma), es porque se ha demostrado que la alternativa es mejor. Ese no es el caso.

Yo no soy teólogo así que no pretendo estudiar este asunto desde la perspectiva de la Teología, ni pretendo armar mi caso haciendo referencia a la Sagrada Escritura, a la Tradición de la Iglesia o a los santos. Simplemente busco analizarlo con un poco de sentido común. Solamente deseo encontrar la verdad detrás de esto desde mi muy humilde posición como laico obligado a discernir lo verdadero de lo falso de entre una cantidad infinita de información. Los obstáculos son muchos, empezando por la estupidez e ignorancia de las personas encargadas de proveernos de información. Espero que eso no sea un impedimento.

Comencemos con la creencia de que el celibato es, si no la causa, al menos un incentivo muy fuerte para abusar de menores. Para creer esto, primero debes asumir ciertas cosas como verdaderas, siendo la más importante la idea de que los hombres necesitan “soltar” su energía sexual, ya sea a través del sexo, la masturbación, la pornografía o cualquier otra actividad que funcione como “válvula de escape.” Para alguien que lleva una vida sexual desordenada, esto podrá parecer una verdad incuestionable. La verdad es que es posible vivir una vida en la que el instinto sexual es dominado y sometido a la voluntad del individuo. No estoy diciendo que es algo fácil de hacer, estoy diciendo que es posible y quizá más común de lo que solemos imaginar. Sin embargo, aceptemos, como parte del argumento, que esto es cierto. En ese caso, lo que observaríamos sería lo siguiente: el abuso infantil sería más prevaleciente entre personas célibes que entre las sexualmente activas. La realidad es distinta. Muchos abusadores de menores son casados o llevan una vida sexual activa, incluso hay abusadores entre el clero casado de las iglesias protestantes. El abusador es, generalmente, una persona en una posición de poder que usa esa posición, no tanto para obtener placer sexual sino para dominar a otro ser humano. Por esta razón, muchos abusadores son maestros, entrenadores y, en su mayoría, parientes cercanos como tíos o padrastros. El elemento sexual está presente únicamente como prueba del dominio del abusador sobre el abusado. Es, en cierta forma, similar a la violación. El violador usa el acto sexual como un instrumento de humillación, como una forma de demostrar su poder sobre la víctima. Por eso la violación es tan común en las guerras, es una prueba de dominio sobre el oponente. La verdad es que no hay ninguna correlación entre celibato y abuso infantil.

Por otro lado, la relación de causa y efecto entre celibato y la caída en las vocaciones podrá parecer más evidente. Parece ser mucho más obvia. Sin embargo, la realidad es que tampoco existe. Si fuera cierta, veríamos lo siguiente: en la medida en que disminuyera el número de hombres que entran al seminario, incrementaría el número de hombres que se casan. Después de todo, la razón por la que no están entrando al seminario es porque se quieren casar. Lo que en realidad hemos presenciado es una caída en las vocaciones, ¡pero una caída aún más dramática en el número de matrimonios! Decir que la respuesta a la crisis en las vocaciones radica en permitir que los sacerdotes se casen es como pedirle a la gente que salte de un barco que se está hundiendo en uno que ya se hundió. No tiene ningún sentido. Todo mundo está de acuerdo en que la institución del matrimonio está en una crisis muy profunda. Creer que en ella está la salvación de otra institución en crisis es simplemente ridículo. Los que defienden esta posición indefendible ven al sacerdocio como un trabajo más, no como una vocación. En ese caso, sería más efectivo ofrecerles salarios más competitivos a los sacerdotes o mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, el sacerdocio no es un simple trabajo, es un llamado personal.

Esto nos lleva a lo que yo creo es la verdadera causa de ambas crisis. No es el celibato como tal, sino lo que representa. El celibato representa un compromiso total y absoluto. Significa ofrecer tu vida, sacrificar algo de inmenso valor para poder servir a otros. Eso es precisamente lo que significa ser hombre. Si hay una crisis en el sacerdocio es porque primero hay una crisis de hombría. Por esto mismo hay una crisis en el matrimonio. Los hombres ya no están dispuestos a sacrificar su comodidad por los demás. Ya no están dispuestos a ser hombres.


A few weeks ago, a group of theologians from Catholic universities in Germany, Switzerland and Austria, issued a joint statement calling for a profound reform of the Church. Among their many requests, which reflect more the spirit of the times than a spirit of reform, was the demand for an end to the vow of celibacy for priests as an answer to the “unprecedented crisis” the Church is going through.

These theologians sustain, at least implicitly, that this practice is the cause of two very serious problems the Church has been facing: the child abuse scandal and the decline in religious vocations. This is the same thing that many pundits and “opinion experts” (who would do more good by keeping their opinions to themselves) have been repeating over and over again. It is something that even many good-willed Catholics have now come to believe. However, none of these people have ever asked themselves: “is this true?” They have simply thought: “everyone is saying it, it must be true!”

Now, the great thing about the Catholic Church is that its beliefs are not rooted in public opinion but in Truth. Therefore, if the law of celibacy is to be abolished or changed (a possibility that actually exists because, unlike what many in the media have said, it is not a dogma), it is because the alternative has actually been proven to be better. But that is not the case.

I am not a theologian so I do not seek to look into this matter from the perspective of Theology, nor will I refer to Scripture, Tradition or any of the saints to build my case. I am only trying to analyze it from the point of view of common sense. I only aim at finding out the truth behind this from the very humble position of a layman forced to discern what is true and what is not from the almost infinite amount of information available to us every day. The obstacles to this are many, beginning with the stupidity and ignorance of most of the people in charge of giving us information, but hopefully I will be able to overcome them.

Let us begin with the belief that celibacy is, if not the cause, at least a very strong incentive, for child abuse. To believe this, you first need to make some assumptions. The first assumption is that men need to “relieve” their sexual energy in a sexual way, whether it be through sex itself, masturbation, pornography or any other thing that may function as a relief valve. To someone living a sexually disordered life, this might seem like an unquestionable truth. The fact is that it is possible to live a life in which this sexual drive is mastered and submitted to the will. I am not saying that it is easy; I am saying that it is possible (and more frequent than you might think). For the sake of argument, let us accept this assumption as true. In that case, what we would observe would be the following: child abuse would be much more prevalent among celibates than it would be among the sexually active. This is not the case. Many child abusers are married or sexually active, including members of the married clergy of Protestant churches. The abuser is generally someone in a position of power who is using that position not so much to obtain sexual pleasure but to dominate another human being. For this reason, child abusers are usually found among teachers, coaches and, most of all, among close relatives such as uncles or stepfathers. The sexual element is there only as a proof of the abuser’s dominion over the abused. It is, in a sense, similar to rape. The rapist uses the sexual act as an instrument of humiliation, to prove his power over the victim. That is why rape is so common in war; it is a means of crushing the opponent. The truth is that there is no correlation between celibacy and child abuse.

The cause and effect relationship between celibacy and the decline in vocations might seem much more evident than the one between celibacy and child abuse. It seems much more obvious. But the reality is that is does not exist either. What we would see if this were true is this: as the number of men entering the seminary decreased, there would be an increase in the number of men getting married. After all, the belief is that men are not entering the seminary because they want to get married. What we have actually seen is a decrease in religious vocations and an even more dramatic decrease in marriages! Saying that allowing priests to marry is the answer to the crisis in vocations is like asking people to jump from a sinking ship into one that has already sunk. It makes no sense. Everyone agrees that the institution of marriage is in a very deep crisis. To claim that in it lies the salvation of another institution in crisis is simply ridiculous. Those who defend this indefensible position seem to think that the priesthood is like any other job. If that were the case it would be more effective to offer priests a more competitive salary or better working conditions, but then again, the priesthood is not a job, it is a calling.

That leads us to what I believe is the true cause of both crises. It is not celibacy as such, but rather, what celibacy represents. Celibacy represents a total and absolute commitment. It means laying down your life, sacrificing something very valuable to you in order to serve others. That is the very essence of what it means to be a man. If there is a crisis in the priesthood it is because there is a crisis of manhood. That is also why there is a crisis in marriage. Men are no longer willing to sacrifice their comfort for others. They are no longer willing to be men.