lunes, 28 de diciembre de 2009

Una profecía sobre la familia / A prophecy about the family

Uno de los dones que todos los intelectuales creen poseer pero que sólo pocos en realidad tienen es el don de profecía. Este don no es, como comúnmente se cree, una especie de poder misterioso y sobrenatural que otorga la capacidad de predecir el futuro. Es simple y llanamente la capacidad de interpretar las condiciones actuales y, a partir de ellas, deducir las consecuencias a las que llevarán. Si son pocos los que poseen este don es porque son pocos los que pueden interpretar la realidad a la luz de la Verdad y no llevados por las ideas del momento.

El caso de los Papas, que, a través de sus encíclicas, cartas, exhortaciones apostólicas, discursos y demás escritos, hacen llegar al mundo la posición de la Iglesia Católica (que rara vez coincide con las ideas del momento) es un ejemplo perfecto de este don profético. La encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII (1891) sobre la cuestión social, sobre todo en lo relacionado con las relaciones obrero-patronales predijo situaciones que vivimos hoy, más de cien años después de su publicación. Otro ejemplo es el de la encíclica Humanae Vitae (1968), de Pablo VI, que trata acerca de la regulación de la natalidad y sus consecuencias. Esta encíclica, que fue tan duramente criticada en sus días y por la cual Pablo VI sufrió enormemente, describe, con una precisión impresionante, el ambiente de tensión y desorden que prevalece en nuestros días (y que igualmente predijo otro gran profeta, G.K. Chesterton, en varios de sus escritos).

Estos ejemplos no los escogí al azar. Rerum Novarum fue la primera encíclica social y contiene el primer esbozo de la Doctrina Social de la Iglesia. Humanae Vitae sirvió como base para que uno de los sucesores de Pablo VI, Juan Pablo II, elaborara su doctrina sobre sexualidad humana: la Teología del Cuerpo. Hay un punto en el que ambas doctrinas se juntan y para encontrarlo hay que recurrir a una frase igualmente profética que Juan Pablo II decía con frecuencia: “el futuro de la humanidad pasa por la familia”. Ambas doctrinas se unen en su comprensión del hombre como un ser llamado a la vida familiar. El punto de convergencia es la vocación familiar del hombre.

Una de las más importantes denuncias de León XIII contra el capitalismo y contra el socialismo es su tendencia a desintegrar a las familias. En el primer caso a través de un sistema económico injusto que obliga a ambos padres a trabajar, descuidando así a sus hijos; en el segundo a través de la supremacía del Estado que interviene, cuando no le corresponde, en los hogares. Pablo VI, por su parte, denuncia que los métodos anticonceptivos artificiales fomentan que las relaciones sexuales se den entre personas que no están interesadas en formar una familia, de forma que no sólo se les da un uso que no les corresponde, sino que interfieren con la realización plena de hombres y mujeres al impedirles responder a su llamado a formar una familia.

La guerra que ambos pontífices entablan es contra el Individualismo que prevalece en nuestra cultura desde los días de la Ilustración. Esa ideología es el principal obstáculo para que, tanto hombres como mujeres, puedan desarrollarse plenamente como individuos pues ignora un aspecto esencial de su ser: su vocación a la familia. En la ideología individualista, el egoísmo (que es lo contrario al amor requerido para formar una familia) ocupa un lugar central, aunque suele presentarse, para parecer más atractivo, bajo la máscara de la libertad.

El futuro de la humanidad depende de la familia porque no se puede comprender al hombre si no es dentro de un núcleo familiar. Todo aquello que atente contra la familia atenta directamente contra el ser humano. Las advertencias contenidas en estos documentos (y en muchos otros, ver Quadragesimo Anno, Centessimus Annus, Familiaris Consortio, Evangelium Vitae, Populorum Progressio, etc.) han demostrado estar fundadas en la realidad, por lo que quizá convenga ponerles un poco de atención y corregir el rumbo, ahorita que aún estamos a tiempo (¿aún lo estaremos?).



One of the gifts that most intellectuals think they possess though only few of them actually have is the gift of prophecy. This gift is not, as most believe, a sort of mysterious and supernatural power that enables one to predict the future. It is simply the capacity of interpreting current conditions in order to deduce their consequences. If only few possess this gift it is because only few are capable of interpreting reality in the light of Truth and not merely by the ideas of their time.

The case of the Popes who, through their encyclicals, letters, apostolic exhortations, speeches and other writings, give the position of the Catholic Church on many issues (which rarely coincides with the ideas of the time), is a perfect example of this prophetic gift. Pope Leo XIII’s encyclical Rerum Novarum (1891) which talks about social matters, specifically about worker-boss relations, predicted many problems that we have today, more than one hundred years after it was published. Another example is Pope Paul VI’s encyclical Humanae Vitae (1968) on artificial birth control and its consequences. This encyclical, which was very strongly criticized in those days and which caused Paul VI to suffer immensely, describes, with astonishing precision, the tense and disordered environment that prevails today (and that was also predicted in many writings by another great prophet, G.K. Chesterton).

I did not pick these examples at random. Rerum Novarum was the first social encyclical and it contains a first sketch of the Church’s Social Doctrine. Humanae Vitae served as a foundation for a successor of Paul VI, John Paul II, to build his doctrine on human sexuality: the Theology of the Body. There is a point in which both doctrines come together and, in order to find it, we must rely on another prophetic phrase used frequently by John Paul II: “The future of humanity passes through the family.” Both teachings unite in their understanding of Man as a being called to family life. They converge in the vocation of Man to live in a family.

One of Leo XIII’s most important criticisms against both Capitalism and Socialism was their tendency to disintegrate families. In the first case it was through an unjust economical system which forced men and women to work, leaving their children unattended; in the second case, it was through the supremacy of the State, with its excessive interventions in people’s homes. Paul VI, on the other hand, denounces that artificial contraceptives promote people to sustain sexual relationships even when they are not interested in starting a family, in such a way that they interfere with the full development of both men and women by impeding them to answer to their call to form a family.

Both Popes wage a war against the reigning Individualism of our culture. That ideology is probably the most important obstacle in the way of men and women becoming more fully human because it ignores an essential aspect of their very being: their vocation to a family. In Individualism, egoism (which is the opposite of the love required to form a family) is the supreme value, though it usually presents itself, to appear more attractive, disguised as freedom.

The future of mankind depends on the family because Man cannot be understood if it is not as part of a family. Anything that harms the family harms mankind. The warnings contained in these documents (and others, please see Quadragesimo Anno, Centessimus Annus, Familiaris Consortio, Evangelium Vitae, Populorum Progressio, etc.) have proven to be founded on reality. It might be a good idea to pay some attention to them and try to correct our course, and we better do it now while we still have time (do we?).

jueves, 24 de diciembre de 2009

La revolución navideña / The Christmas Revolution

La Navidad, esa fiesta que muchos celebran más por costumbre que por creencia, es la única revolución en la historia de la humanidad que realmente merece ese nombre. A diferencia de todas las demás revoluciones que consisten básicamente en dejar todo como estaba, sólo cambiando las apariencias, la Navidad realmente cambió la historia de la humanidad aunque con ello dejó todo, en apariencia, igual que como estaba.

El misterio de la Encarnación es una revolución en todo el sentido de la palabra. Representó un cambio radical, un giro de 180 grados. El universo entero quedó invertido: el Creador convertido en creatura. Aunque el mundo siguió girando igual que el día anterior, aunque el orden social, político y económico no cambió, aunque la gente continuaba con su vida normal, una transformación profunda tuvo lugar. Una transformación que, sin cambios visibles, afectó nuestra misma constitución y elevó nuestra dignidad, empezando por nuestro cuerpo, como escribe Chesterton:

En verdad había una nueva razón para tratar a los sentidos y a las sensaciones del cuerpo y a las experiencias del hombre común con una reverencia que el gran Aristóteles hubiera mirado con extrañeza y que ningún hombre de la antigüedad hubiera podido entender. El Cuerpo ya no era lo que era cuando Platón y Porfirio y los demás antiguos místicos lo habían dejado por muerto. Había colgado del patíbulo. Se había levantado de la tumba. El alma ya no podía despreciar a los sentidos que habían sido órganos de algo más que un simple hombre. Platón podía despreciar la carne, pero Dios no la despreciaba. Los sentidos habían sido santificados verdaderamente, así como son bendecidos uno por uno en un bautizo católico.

“Ver es creer” ya no era un lugar común de un mero idiota, o individuo común como lo era en el mundo de Platón; estaba mezclado con condiciones reales para una creencia real. Esos espejos giratorios que envían mensajes al cerebro del hombre, esa luz que se quiebra contra el cerebro, éstas habían revelado a Dios mismo el camino de Betania o la luz de la alta roca de Jerusalén. Estos oídos que resuenan con sonidos comunes le habían reportado al conocimiento secreto de Dios el ruido de la multitud que agitaba las palmas y de la multitud que gritaba por la Crucifixión. (G.K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino: el buey mudo.)

Dios entró en el mundo y con ello compartió nuestra naturaleza hasta en las cosas más triviales y ordinarias. El Dios-niño experimentó desde el primer momento la gama completa de las sensaciones y sentimientos humanos. Al momento de nacer pudo ver la cara de asombro de sus padres, percibir el olor del pesebre y sentir la textura de la paja en la que lo recostaron.

Si el amor hace semejantes a los amantes, la Encarnación es una prueba más del amor infinito de Dios hacia nosotros. Es tan grande que rompió el orden del mundo, orden que Él mismo había establecido. El sólo pensar que esto es posible ya es una idea revolucionaria. El que sea realidad es algo que trasciende nuestra inteligencia y por eso lo llamamos un misterio. Un misterio que revolucionó al mundo.



Christmas, the festivity which many celebrate more out of custom than out of belief, is the only revolution in the history of mankind that truly deserves that name. Unlike all other revolutions, which basically consist in leaving everything exactly as it was before, only changing appearances, Christmas truly changed the human condition though it left everything, in appearance, as it was before.

The mystery of the Incarnation is a revolution in the whole meaning of the word. It represented a radical change, a 180 degree turn. The whole universe was inverted: the Creator became a creature. Even though Earth kept on rotating as it did before; though the social, political and economical order did not change; even when people kept on living as they usually did, a deep transformation took place. A transformation that, without any visible changes, affected our whole constitution and raised our dignity, beginning with our physical element, our bodies, just as Chesterton writes:

There really was a new reason for regarding the senses, and the sensations of the body, and the experiences of the common man, with a reverence at which great Aristotle would have stared, and no man in the ancient world could have begun to understand. The Body was no longer what it was when Plato and Porphyry and the old mystics had left it for dead. It had hung upon a gibbet. It had risen from a tomb. It was no longer possible for the soul to despise the senses, which had been the organs of something that was more than man. Plato might despise the flesh; but God had not despised it. The senses had truly become sanctified; as they are blessed one by one at a Catholic baptism.

“Seeing is believing” was no longer the platitude of a mere idiot, or common individual, as in Plato’s world; it was mixed up with real conditions of real belief. Those revolving mirrors that send messages to the brain of man, that light that breaks upon the brain, these had truly revealed to God himself the path to Bethany or the light on the high rock of Jerusalem. These ears that resound with common noises had reported also to the secret knowledge of God the noise of the crowd that strewed palms and the crowd that cried for Crucifixion. (G.K. Chesterton, Saint Thomas Aquinas, the dumb ox.)

God entered the world and with that he shared our nature even in the most ordinary things. The God-child experienced the whole spectrum of human sensations and feelings from the very moment of his birth in Bethlehem (actually, from the very moment of his conception). As soon as he was born he could see the astonished faces of his parents, he could smell the odor of the manger and feel the texture of the hay in which he was lying.

If love makes lovers become more alike, then the Incarnation was God’s proof of his infinite love for us. He broke the order He himself had established for the world. The very thought of this being possible is quite revolutionary. The fact that it is true is something unfathomable for us. That is why we call it a mystery. A mystery that revolutionized the world.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Un recuerdo de Navidades pasadas / A memory of Christmases past

En nuestros días es difícil prepararse de una forma adecuada para celebrar la Navidad. Claro que con esto me refiero a celebrar la Navidad en su sentido real, es decir, el de la fiesta cristiana. Para la “otra” navidad (con minúscula pues no podemos ponerla en el mismo nivel que la real), la que incluso personas que no comparten la fe cristiana celebran, no se necesita ninguna preparación, más bien lo que se necesita es una recuperación después (económica, de figura, etc.), una especie de resaca post-fiestas.

La Navidad a la que me refiero es de tan gran magnitud que la Iglesia, en su sabiduría de más de dos mil años, pide que tenga un periodo de preparación, alrededor de un mes de reflexión y meditación sobre el misterio tan grande que se celebra el 25 de diciembre. Quizá parezca raro a cualquier observador que el periodo de Adviento inicie con la fiesta de Cristo Rey y concluya con la celebración del nacimiento de ese mismo Cristo. ¿Qué clase de sabiduría es ésta, que inicia con el Rey de Reyes y culmina en un recién nacido? A los ojos del mundo parece más bien una tontería, una inversión del orden natural de las cosas. Esto es así porque la Navidad es precisamente una inversión del orden del universo. Ese Dios que está más allá del tiempo y que trasciende nuestro universo se hizo hombre para salvar a los hombres. El Todopoderoso renunció a su omnipotencia para encarnar en un niño indefenso. Es, efectivamente, una muestra de que la tontería de Dios es más grande que la sabiduría de los hombres. ¿Difícil de creer? Por supuesto. Por algo dicen que era “escándalo para los judíos y locura para los gentiles”. A pesar de ello, muchos de los hombres y mujeres más brillantes lo han creído y, aunque yo no soy ni por error uno de los hombres más brillantes, lo creo también.

Ahora, como decía, el creer esto trae consigo una gran responsabilidad, la responsabilidad de prepararse para poder contemplar el misterio de la Encarnación. Como preparación para esta época, he estado meditando sobre una costumbre que había en mi casa durante mi infancia. No era más que un juego de niños, pero, como tal, contenía enseñanzas invaluables, cosa que ninguno de los modernos expertos en educación de los niños (que rara vez han educado a un niño ellos mismos) podrían siquiera imaginar. Para este juego, mis hermanos y yo elegíamos un borrego, de los tantos que había en el nacimiento familiar. Mi mamá los colocaba en una orilla del nacimiento y al final de cada día, si nos habíamos portado bien, los acercaba un poco hacia el pesebre. El objetivo, claro está, era llegar a los pies del niño Jesús en Navidad. Como todo juego infantil, tenía su riesgo: si nuestro borrego no llegaba al pesebre, no habría regalos (afortunadamente para mis hermanos y para mi, siempre llegábamos).

¡Qué mejor forma de preparar a los niños para la Navidad (y de paso hacer que se comporten)! ¡Cuánta riqueza teológica contenía este inocente juego! No escogíamos pastores sino ovejas pues el verdadero Pastor era el que había de nacer en Belén. Era a él al que desesperadamente buscábamos. Como ovejas, no podíamos poner nuestra confianza en nosotros mismos, sino en nuestro pastor y, por tanto, había que tener Fe en Él. Esa Fe nos mantenía en camino.

La angustia de verte tan alejado del pesebre era inmensa, pero nunca perdíamos la Esperanza de llegar a la meta. ¿Cuántas horas no habré pasado contemplando el nacimiento, viendo que aún me quedaba una enorme distancia por recorrer y anhelando el momento de estar a las puertas del pesebre? En esas horas de contemplación aprendí a contemplar el misterio del Verbo hecho carne y a ver en ese Misterio la gran Esperanza de la humanidad.

También aprendí que, así como Dios, con su amor, había superado el abismo infinito que lo separaba de nosotros, así mi borreguito podía superar cualquier obstáculo que había en su camino si yo amaba a aquellos que me rodeaban (especialmente a mis hermanos que en aquellos días eran el principal motivo de que mi borrego no se moviera). El Amor era capaz de vencerlo todo.

¡Qué alegría tan grande sentíamos cuando al fin llegaba la Noche Buena y colocaban al niño Dios en el pesebre! Veíamos en el niño recién nacido la culminación de nuestro peregrinar. En Él habían estado nuestra Fe, nuestra Esperanza y nuestra Caridad. Entonces los regalos pasaban a representar algo más que una recompensa por ganar el juego. Se convertían en un símbolo de las gracias y dones que Dios da a los que llevan una vida de virtud. ¡El mayor de todos esos dones era Su propio Hijo!

Al voltear atrás, me sorprendo por la profundidad de algo que durante la adolescencia me parecía una bobería. Me impresiona la eficacia que tiene este medio para sembrar en el alma de un niño las tres virtudes teologales, el amor a la contemplación y un entendimiento sobre la Encarnación que muchos adultos son incapaces de poseer. Pero, sobre todo, me fascina que algo tan inocente me enseñe, ahora, lo que de niño me parecía tan evidente.



In our days it has become really difficult to prepare adequately for Christmas. I’m talking about celebrating true Christmas, that is, the Christian feast. For the other christmas (I don’t capitalize it because it’s unworthy of being capitalized), the one that even non-Christians celebrate, no preparation is required. I believe that what you actually need for it is a recovery afterwards (an economical and even a dietetic one), a sort of post-holidays hang over.

Real Christmas is of such importance that the Church, in its wisdom, asks for it to have a preparation period, around a month of reflection and meditation on the mystery which we celebrate on December 25th. It might seem strange that Advent begins with the feast of Christ the King and ends with the birth of that same Christ. What kind of wisdom is this, that starts with the King of Kings and ends with a newborn child? To the eyes of the world it seems like foolishness, an inversion of the natural order of things. This is so because Christmas is precisely an inversion of the order of the universe. The God who is beyond time and transcends our world becomes man to save all men. The All Powerful gave up His omnipotence to incarnate in a defenseless child. It is proof that God’s folly is truly greater than the wisdom of men. Hard to believe? Of course it is. That’s why it is said to be “scandal for the Jews and madness for the Gentiles”. Despite all of that, many of the world’s most brilliant men and women have believed it and I, who am not by any means one of the most brilliant men, believe it too.

Now, as I was saying, believing this brings with it a great responsibility: the responsibility of preparing yourself properly to contemplate the Mystery of the Incarnation. As a preparation for this day I’ve been meditating on a custom my family had during my childhood. It wasn’t more than a child’s game but, as such, contained invaluable teachings which none of our Modern experts in children’s education (who have rarely, if ever, raised a child themselves) could even imagine. For this game, my siblings and I would pick a sheep from the many ones that could be found on our Nativity set. My mom would then place them on the edge of the set and, at the end of each day, would move it closer to the manger if we had been good. The objective was, of course, to be at baby Jesus’ feet by Christmas day. As in every game, there was a risk: if our sheep didn’t make it to the manger, there would be no presents (fortunately for my siblings and me, we always made it to the goal).

What a magnificent way of preparing children for Christmas (and, as a bonus, get them to behave)! And how many theological riches were contained in this innocent game! We didn’t pick shepherds but sheep because the true Shepherd was the one who was to be born in Bethlehem. It was Him who we were desperately seeking! As sheep, we couldn’t put our trust in ourselves but in our shepherd, so we had to have Faith in Him, a faith that kept us walking towards Him.

The anguish of seeing yourself so far away from the manger was immense, but we would never lose Hope in reaching it. How many hours must I have spent contemplating the Nativity set, looking at the huge distance that I still had to cover and yearning for the moment in which I would finally be at the entrance of the manger? In those long hours I learned to contemplate at the Mystery of the Word made flesh and to see in that mystery the great Hope of mankind.

I also learned that, just like God, through His Love, had crossed the infinite abyss that separated Him from us, so could my little lamb get over any obstacle in its way if I loved those around me (especially my siblings who were the main reason for my sheep not moving for several days). Love could overcome anything.

What a great joy did we feel when Christmas Eve was finally there and the God-Child was placed in the manger! We saw in that newborn child the end of our pilgrimage. In Him we had placed all our Faith, Hope and Love. Then the presents would represent something more than a reward for winning the game. They would symbolize the graces and gifts that God bestowed upon those who lived a life of Virtue. The greatest of those gifts was God’s own Son!

When I look back at this, I am surprised by the depth of something which in my teenage years I scorned as a silly tradition. I am impressed by the efficacy that this had in planting, in a child’s soul, the three theological virtues, a love for contemplation and an understanding of the Incarnation which many adults don’t possess. But, above all, I am fascinated that something so apparently naïve can teach me, today, what seemed so evident to me as a child.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Una nueva perspectiva sobre la familia / A new perspective on the family

Una de las pocas cosas en la que la mayoría de las personas están de acuerdo es en que el mundo moderno es un desastre. Nadie puede negar, sin que dudemos de su salud mental, que existen infinidad de problemas sociales graves sin resolver. Muchos creen que éstos pueden ser resueltos con “nuevas” políticas públicas, legalizando lo que ahora es ilegal o redefiniendo cosas que no deberían de ser redefinidas, sobre todo porque los encargados de hacerlo son los menos indicados para ello. La verdad es que estas políticas y leyes rara vez representan una solución de fondo pues apenas rascan la superficie del asunto.

Esto es así porque el problema es, como he insistido en repetidas ocasiones, un problema antropológico. ¿Qué es el Hombre? ¿Cómo debe vivir? Estas son las preguntas que debemos hacernos antes de sumergirnos en los aspectos técnicos de la redacción de leyes y de las políticas a seguir. La respuesta a estas preguntas debe estar enraizada en la realidad del Hombre y no en meras suposiciones teóricas acerca de cómo pensamos que sea. Ahora, el error de la Edad Moderna fue haber rechazado todo el conocimiento que se tenía acerca del Hombre por no ser, según nuestros grandes pensadores, resultado de una investigación científica y racional. Este conocimiento, que tenía su origen en siglos de experiencia de nuestra civilización y en el pensamiento de los más grandes filósofos, fue sustituido por un nuevo conocimiento que prometía ser mejor que el anterior pero que resultó ser nada más que una vana ilusión. De este falso conocimiento surgieron atrocidades como las que ahora son cimiento de nuestras sociedades.

Uno de estos cimientos es el Individualismo. Todo nuestro sistema social está construido sobre la idea de que el individuo es la unidad social básica. Como consecuencia, la sociedad nace como un pacto entre individuos (como en la teoría del Contrato Social de Rousseau, aunque, siendo francos, ¿quién puede tomarse a Rousseau en serio después de saber cómo vivió?) que se juntan para evitar su destrucción mutua. El pegamento que mantiene unida a la sociedad es el miedo a los demás hombres.

Sabemos, sin embargo, que nunca se ha encontrado a un hombre que viva solo, como un individuo aislado de cualquier contacto social. La idea del individuo como unidad básica es falsa. El Hombre siempre ha sido encontrado viviendo en comunidad: primero en la célula básica que llamamos familia y luego en sociedades más grandes, surgidas de la unión de grupos familiares que se unen no por miedo sino por la necesidad de otro para poder sobrevivir. El Individualismo tiene otro grave defecto: coloca a todos los individuos en un plano de absoluta igualdad, sin distinción entre los sexos. Así, la realidad de la familia, que, nos guste o no, existe, a pesar de que intentemos redefinirla o de crear leyes para abolirla, permanece como una espina en el pie del Individualismo, recordándonos que las diferencias entre hombres y mujeres son reales y que no es posible que vivamos solos. Por esto las sociedades individualistas (vaya paradoja) hacen todo por destruir a la familia. Ésta es evidencia de que el Individualismo es falso. Es, además, una evidencia basada en la realidad y no en la teoría.

Con un poco de sentido común (tan carente en estos tiempos) descubrimos lo que podemos llamar la “vocación familiar” del Hombre. Esta vocación es algo más que una versión humana del instinto de preservación de la especie. Es un llamado a vivir y a desarrollarse plenamente como seres humanos a través de la vida familiar. Esto significa que los hombres se vuelven plenamente hombres siendo hijos, hermanos y padres y que las mujeres se vuelven plenamente mujeres al ser hijas, hermanas y madres. También significa que la masculinidad se vive al máximo a través de la paternidad y la femineidad a través de la maternidad. Esta vocación tiene su raíz en la esencia misma del ser humano y tiene, por lo mismo, un papel preponderante en el mantenimiento de nuestra salud mental.

Muchos de los problemas modernos surgen al ignorar este llamado. La familia (y en consecuencia, el resto de la sociedad) se ven como obstáculos a la realización del individuo. Por ello, el Individualismo se ha puesto como meta “liberar” a la humanidad de las molestias que trae consigo el formar una familia. Ahí nacieron la revolución de los anticonceptivos, la desacralización y redefinición del matrimonio, el aborto y todos los demás ataques contra la familia. No se han dado cuenta que al destruir a las familias, los individuos se destruyen a sí mismos.



One thing on which most people can agree on is that the Modern world is a mess. No one can (in their right mind) deny that there are many unresolved and grave social problems. Many believe that all these issues can be solved through “new” policies, by legalizing things that are currently illegal or by redefining things which should not be redefined, especially because those in charge of doing that are the least capable of doing so. The truth is that these policies and laws are hardly ever a true solution since they barely scratch the surface of the whole matter.

That is so because the problem is, as I have insisted on many times, an anthropological problem. What is man? How is he supposed to live? These are the questions we must ask ourselves before we delve into the technicalities of policy and law making. The answer to these questions must be rooted in the reality of Man. We cannot answer them merely with theoretical suppositions on how we think Man is. Now, the error of Modernity was to reject all the knowledge about mankind that there was because it was not, according to Modern thinkers, the result of scientific or rational inquiry. This knowledge, which was mainly based on the experience of our whole civilization and on the thought of many philosophers over many centuries (and, therefore, on a true experience of what Man is), was replaced with a new one which promised to be better but turned out to be nothing but a vain illusion. From this false knowledge came such absurdities as the ones that are the very foundation of our contemporary societies.

One of these foundations is Individualism. Our whole social system is built on the idea that the individual is the most basic social unit. As a consequence, society is born as a pact between individuals (like in Rousseau’s Social Contract theory, though, to be honest, who can take Rousseau seriously after knowing how he lived?) who come together in order to avoid their mutual destruction. The glue that keeps society together is nothing but fear of other men.

We know, however, that no man has ever been found living on his own as an individual devoid of all social contact. The idea of the individual as the basic social cell is false. Man has always been found living in community: first in that basic cell which we call the family and then, in a larger society formed by the union of many families that come together not out of fear but out of the need of others in order to survive. Individualism also has another major flaw: it treats all individuals as absolutely equal, regardless of gender. And so, the reality of the family, which exists whether we like it or not, whether we try to redefine it or create laws to abolish it, remains as a thorn in the foot of Individualism, reminding us that there are real differences between men and women and that we cannot live alone. This is why our Modern individualistic societies do everything they can to destroy the family. It is evidence that proves Individualism wrong. And it is evidence that is based on fact and not only on theory.

Just using some common sense we discover what we can call the vocation of Man to a family life. This vocation is much more than a human version of the instinct for the preservation of the species. It is a call to live and become fully human through family life. It means that men become fully men by being sons, brothers and fathers and that women become fully women by being daughters, sisters and mothers. It means that masculinity is lived at its maximum in fatherhood and femininity in motherhood. This vocation is rooted in the very essence of Man and has, therefore, the upmost importance in maintaining our sanity.

Many of our modern problems stem from ignoring this call. The family (and Society as a whole) is now seen as an obstacle for the development of the individual. That is why Individualism has aimed at “freeing” mankind from the nuisances of having a family. That is where the contraceptive revolution, the desacralization and redefinition of marriage, abortion and all other forms of attacks upon family life had their origin. Little do they know that by destroying families, individuals are destroying themselves.

sábado, 12 de diciembre de 2009

In your eyes

This morning I was trying to come up with an amazing post about Our Lady of Guadalupe on her feast day. I had many ideas running through my head which I tried, yet failed to weave into a beautiful texture of words. As the desperation of writer's block began to overcome me, I saw a faint light in the distance. That light turned out to be a short poem (or should I say prayer?  Or maybe a poetic prayer?). I find it really strange though, for I am more of a prose person than a poet (I've only written one other poem, back in my high school English class. That poem has, thanks be to God, vanished into oblivion). I find it even stranger that this poem popped into my head in English and not in Spanish, but then again, my mind switches constantly from one language to the other, without me being in control anymore. Please do not be too harsh on my pitiful attempts at poetry for it is the only thing I can offer to Our Mother on her day.



O, Mother Mary,
Praise to thee!
For in thy image
we can see,
a glimpse of Heaven,
of life to come,
of all the glory of your Son!


All glory be
for thy one Son!
For 'tis his eyes
the eyes we meet,
when in thy eyes
for love we seek!

martes, 8 de diciembre de 2009

Inspiración Mariana / Marian inspiration

Si a lo largo de la historia las mujeres han servido como inspiración para los hombres, no es de sorprender que la mujer perfecta, la Virgen María, haya sido y siga siendo la más importante inspiración para los más grandes de entre los hombres.

En el siglo XIII, el gran rey castellano Alfonso X, llamado el Sabio, mandó componer (y compuso unas cuantas él mismo) más de cuatrocientas piezas musicales en honor de la Virgen María, siendo la mayoría de ellas historias de milagros ocurridos por su intercesión. Este conjunto de obras musicales es conocido como “Las Cantigas de Santa María” y es la colección más grande de música medieval que poseemos en la actualidad. Están escritas en galaico-portugués (también conocido como portugués medieval), la lengua que se hablaba en el norte de lo que ahora es España y en Portugal. Esa lengua dio origen al gallego y al portugués moderno.

Una de las cantigas más famosas es la cantiga 100: Santa María, Strela do Día (Santa María, estrella del día). Esta bella composición la pueden escuchar en las siguientes ligas:

Versión cantada:

Versión musicalizada con instrumentos de la época:

Cuando veo la situación del mundo actual me pregunto si no sería conveniente que nuestros líderes se dejaran inspirar por la Madre de Dios (aquí seguro habrá uno que otro defensor de la separación de la Iglesia y del Estado que se esté rasgando las vestiduras) como el gran rey castellano lo hizo. Ahorita ¿a cuál lider mundial podríamos apodar “el Sabio”?



If throughout history women have been a source of inspiration for men, it should come as no surprise that the perfect woman, the Virgin Mary, has been and continues to be the most important inspiration for the greatest of men.

In that golden age of mankind that was the thirteenth century, the great Castilian king Alfonso X, also known as “the Wise”, ordered the composition (and composed many himself) over four hundred pieces of music in honor of Our Lady, being most of them stories about miracles obtained through her intercession. These works of music are known as the “Cantigas de Santa Maria” (Canticles of Holy Mary) and are the largest collection of medieval music known to us. They are written in Galician-Portuguese (or medieval Portuguese), the language spoken at the time in what is today Northern Spain and Portugal. This language gave birth to both Galician and modern Portuguese.

One of the most famous canticles is the Cantiga 100: Santa Maria, Strela do Día (Holy Mary, Star of Day). You can listen to this beautiful composition in the following links:

Version with lyrics:

Version with the instruments of the time:

When I look at the current situation of the world I ask myself if it wouldn't be convenient for our leaders to be inspired by the Mother of God (I'm sure some defenders of the separation of Church and State are freaking out by this) just like the great Castilian monarch was. As of now, which world leader could we nickname “the Wise”?

domingo, 6 de diciembre de 2009

La universalidad de la Iglesia en el sentido temporal / The universality of the Church in the temporary sense




Hoy en la mañana se celebró la Misa de dedicación del nuevo templo de San Miguel Arcángel en Auburn, Alabama. La Misa estuvo presidida por el Arzobispo de la Arquidiócesis de Mobile, Thomas Rodi. A la mitad de la ceremonia, recordé una entrada que había publicado el Padre Fortea en su blog (un blog infinitamente más inteligente, ingenioso y gracioso que el mío) acerca de sus pensamientos, sentimientos y, en general, de su experiencia al celebrar Misa en la basílica de San Juan de Letrán, en Roma, justo en el día de la fiesta de la dedicación de la misma (9 de noviembre).

A mi siempre me pareció muy raro que se celebrara la dedicación de esta basílica, a pesar de que es poseedora del título Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput (madre y cabeza de toda las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra) y de que es la sede del obispo de Roma. Fue hasta recientemente que aprendí que se celebra porque este templo fue el primer templo importante de la Cristiandad, con todo lo que ello significa. Fue donado por el emperador Constantino al proclamar al cristianismo legal en todo el Imperio Romano. Es decir, con la donación de este templo, se dio fin a la época de la clandestinidad de la Iglesia y de las persecuciones por los romanos. Representa, pues, el triunfo del Cristianismo sobre el paganismo.

Esto sucedió en el siglo IV de nuestra era, justo después de la persecución decretada por el emperador Diocleciano. Las palabras del Padre Fortea, que buscan ser un eco de lo que debieron haber sentido los cristianos de aquella época, resonaron en mi cabeza hoy en la mañana mientras entrábamos, en comunidad, a nuestro nuevo templo:

“Al entrar yo en la basílica, no podía dejar de imaginar cómo debía ser aquella basílica del tiempo de Constantino. ¿Qué tipos de cambios harían? ¡Un inmenso templo para el culto a Dios!, así lo debieron ver. La alegría de aquella comunidad debió ser inmensa. No me era difícil imaginar con qué ilusión hubieron de trabajar todos, recién salidos de las persecuciones. Aquello les debió parecer un sueño.”

En el momento en que el arzobispo ungía con aceite el altar y el coro elevaba sus voces de la misma forma en que el incienso se elevaba hacia el cielo, me vi transportado, por un instante, a otra época. No era ya el arzobispo Rodi sino el papa Silvestre I el que ungía el altar. No estaba ya en el año 2009 sino en el 324, rodeado de los cristianos recién salidos de las catacumbas. Por unos segundos pude sentir, con toda su fuerza, la universalidad de la Iglesia en el plano temporal. Pronto recordé, sin embargo, que no me encontraba en la Roma imperial, sino en un pequeño pueblo universitario del sur de Estados Unidos.



This morning the dedication Mass for the new church building for St. Michael the Archangel Catholic Church in Auburn, Alabama, took place. The Mass was presided by the Archbishop of the Archdiocese of Mobile, Thomas Rodi. In the middle of the ceremony, I remembered a post from Father Fortea's Blog (a blog infinitely more intelligent, clever and funny than mine, though, unfortunately, only available in Spanish) about his thoughts, feelings and experiences while celebrating Mass at the basilica of Saint John Lateran in Rome, on the feast day of its dedication (November 9th).

I always found it kind of weird that we should celebrate the dedication of this basilica, though it has the title of Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput (Mother and head of all the churches of Rome and the world) and is the official seat of the Bishop of Rome. Until recently did I learn that it is celebrated because this was the first major temple of Christianity, with all that that implies. It was donated by emperor Constantine when he proclaimed Christianity to be legal in all the Roman Empire. With this donation, the age of clandestinity and persecution of the Church came to an end. It represents, therefore, the triumph of Christianity over paganism.

This happened in the fourth century, just after the persecution instated by emperor Diocletian was over. Father Fortea's words, which seek to be an echo of what the Christians of the time must have felt, rang thru my head this morning, as we walked into our new temple as a community:

“When I entered the basilica, I couldn't stop imagining what it must have been in the times of Constantine. What kind of changes would they make? Such an enormous temple to worship God! That's how they must have seen it. The joy of that community must have been immense. It wasn't hard to imagine how hard they must have all worked, as soon as the persecutions stopped. It must have seemed like a dream.”

At the moment in which the archbishop anointed the altar with oil and the members of the choir raised their voices in the same way in which the incense was rising towards heaven, I saw myself transported, for just an instant, to another time. It was no longer archbishop Rodi who was anointing the altar but pope Sylvester I. I was no longer in the year 2009 but in 324, surrounded by the Christians who had just walked out of the catacombs. For a few seconds I could feel, in all it's strength, the universality of the Church in the temporal plane. However, I soon remembered that I was not in imperial Rome, but in a small college town in the United States.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Nostalgia por el Barroco / Nostalgia for the Baroque

Si usáramos la música popular navideña como un indicativo del grado de civilización de una sociedad determinada, ¡qué atrasados estaríamos respecto a nuestros antepasados del periodo Barroco!

En esta liga pueden escuchar un villancico español del siglo XVII titulado Serafín que con dulce armonía. ¿Qué villancico de los que ahora escuchamos se compara con éste en belleza de formas musicales, en lo poético de las imágenes que describe o en la profundidad de la Verdad que revela? ¿Qué canción navideña actual nos habla de forma tan sublime sobre el gran misterio que es la Encarnación del Hijo de Dios?

Habrá gente que se deleite escuchando canciones tan banales como la de Rodolfo el reno de la nariz roja pero en esta época yo prefiero oír villancicos que realmente hablen de la Navidad. Canciones que no sólo deleiten mis sentidos con su belleza musical sino que me inciten a la reflexión y a la contemplación, que son las actividades que corresponden al Adviento. La letra de este villancico se encuentra a continuación. Espero que cumpla su propósito de prepararnos para encontrarnos de frente con el misterio del Verbo hecho carne.

Serafín que con dulce armonía
Joan Cererols

Estribillo
Serafín, que con dulce armonía
la Vida que nace requebrando estás;
cántale glorias mirándole en penas,
que amante y quejoso, su alivio es un ¡ay!
¡ay, ay, ay!

Coplas
Tan fragrantes, lucientes y bellas
en cielo y en tierra distantes se ven
las estrellas vestir de colores,
las flores brillar y las selvas arder.


En albergue, aunque pobre dichoso
en nuevos afectos se mira esta vez
una luna que alumbra el empíreo,
y un sol que de aljófar guarnece sus pies.
¡Ay, ay, ay!


En los brazos del alma más pura,
picado de amor un hermoso clavel
desabrocha el color encarnado
del nácar precioso que quiere verter.


¡Oh! mil veces dichosa la culpa,
en cuya sentencia ha llegado a tener
por descargo un tesoro infinito:
un Dios por padrino y un Niño por juez.
¡Ay, ay, ay!


Llora el sol y la aurora se alegra,
la pena y el gozo en sus ojos se ven;
que es afecto muy propio del alma
llorar y reír al amanecer.
Un jazmín entre espinas y abrojos
nos da testimonio en metáfora fiel,
que entre humanos y graves pesares
siempre hay escondido un divino placer.
¡Ay, ay, ay!


Hoy el hombre suspenso y absorto
ignora, cobarde, lo mismo que ve:
pues mirar tan divino lo humano
es cosa que apenas se puede entender.


Una noche de siglos tan largos
dobladas las luces habrá menester,
y por eso amanecen dos soles
que bañan de luz el portal de Belén.



If we used popular Christmas music as an indicator of the level of civilization of a determined society, how far behind would we be from our ancestors of the Baroque period!

In this link you can listen to a Spanish Christmas carol of the seventeenth century, titled Seraphim, you who with sweet harmony. Which of our modern Christmas carols can compare with this one in the beauty of its musical forms, in the poetry of the images it describes or in the depth of the Truth it reveals? What piece of contemporary Christmas music talks to us in such a sublime way of the great mystery of the Incarnation?

There might be someone out there who delights himself in listening to such banal songs as Rudolph the Red Nosed Reindeer but in this season I prefer listening to music that truly speaks about Christmas. I prefer songs that will not only please my senses with their musical perfection but will also induce me to a state of reflection and contemplation, the type of activities that we are called to do during Advent. Here are the lyrics for this Christmas carol. May they serve the purpose of preparing us to stand before the mystery of the Word made Flesh.

Seraphim, you who with sweet harmony
Joan Cererols

Refrain
Seraphim, you who with sweet harmony
are paying court to the new-born Life,
sing of glory to him as you watch him suffer,
for, in his love, his sole comfort is a sigh.
Ah, ah, ah!

Stanzas
From afar in heaven and earth,
fragrant, gleaming and beautiful,
the stars seem to be bedecked with colours,
the flowers seem to gleam and the woodlands sparkle.
In a stable, blessed though poor,
now shine with renewed affection
a moon lighting up the heavens
and a sun embellishing his feet.
Ah, ah, ah!


In the arms of the purest of souls
a beautiful carnation touched by love
reveals the crimson colour
of the pearly drops it sheds.


Oh, a thousand times fortunate is original sin
since the sentence it was given has now received
a discharge through an infinite treasure:
God as godfather and a Son as judge.
Ah, ah, ah!


The sun weeps and the dawn rejoices,
pain and joy can be seen in their eyes,
for weeping and laughing are emotions
proper for the spirit.
A jasmine amidst the thorns and thistles
is a faithful metaphor that bears
witness for us that amidst the grave cares of human life
there always lies hidden a divine delight.
Ah, ah, ah!


Today man, amazed and spell-bound,
fails to grasp what with his very eyes he can see;
for the sight of humanity made so divine
is something which almost passes understanding.


A night of time so infinite
must needs have twice as many lights,
and so two suns rise
to bathe the gate of Bethlehem in light.