lunes, 15 de febrero de 2010

El matrimonio y el Estado / Marriage and the State

Cuando la gente habla de la redefinición del matrimonio, lo hacen como si esto fuera una novedad o uno de los grandes avances de nuestra época. Parecen ignorar (o más bien, ignoran) el hecho de que el matrimonio fue redefinido hace unos cuantos siglos y que los intentos actuales no son más que una continuación de aquella sandez primera. También parecen ser incapaces de entender que si hay gente que se opone a estos intentos (y algunos que quisieran revertir el matrimonio a su condición original) es porque son conscientes del daño que este error ha traído consigo.

Esta redefinición original, como muchas de las cosas humanas, puede ser vista en dos niveles: un nivel superficial y visible, o nivel de las instituciones; y un nivel más profundo, el de las ideas y conceptos que tiene una cultura. En el nivel superficial, este cambio tuvo lugar cuando el matrimonio dejó de ser algo que el Estado simplemente reconocía pero con el cual no interfería y se convirtió en algo sancionado por el Estado. En el nivel más profundo, sucedió cuando el matrimonio dejó de ser una alianza (en el sentido bíblico) entre un hombre y una mujer y se transformó en lo que sea que nuestros filósofos, intelectuales y científicos lo consideren (y que suele ser un concepto bastante vago sobre el cual no se pueden ni siquiera poner de acuerdo). Cómo sucedió esto es algo que le corresponde a los historiadores averiguar y que va más allá de los alcances de este humilde blog.

La forma en que este cambio en el concepto del matrimonio se manifestó es algo bastante obvio: el matrimonio se convirtió en un contrato. Este es el concepto de matrimonio que el Estado (y un gran sector de la sociedad) tiene hoy en día. Las diferencias entre una alianza y un contracto son evidentes, empezando por el hecho de que una alianza está hecha para durar toda la vida, mientras que un contrato puede ser cancelado. Así, el Estado un buen día decidió permitir el divorcio. Al principio, claro está, sólo se permitía si ambas partes estaban de acuerdo y sólo cuando las condiciones que conducían a él eran suficientemente graves. Después, el Estado decidió que no había necesidad de ser tan estricto y lo permitió por casi cualquier razón. Hoy en día, ni siquiera se requiere que las dos partes estén de acuerdo y se permite hasta por las razones más ridículas. Como si eso no fuera suficiente, hay gobiernos que se enorgullecen de hacer los juicios de divorcio “más eficientes” (mientras el resto de su administración sigue igual de ineficiente), es decir, más fáciles y más rápidos. De esta forma, la excepción se convirtió en la regla.

De esta contractualización del matrimonio también surge otra cosa, más sutil y quizá, por lo mismo, más importante. Una alianza se establece entre dos personas, mientras que un contrato entre dos partes. Este cambio de terminología contiene en sí mismo un grave peligro y explica, al menos parcialmente, la aceptación tan generalizada del divorcio. Esta abstracción hace del matrimonio algo menos personal y más legal. A través de esa abstracción, ya no se ve al matrimonio como el pináculo del amor humano, sino más como un transacción de negocios cualquiera. Por ello es tan difícil objetar a los mal-llamados “matrimonios” entre personas del mismo sexo. Si el matrimonio no es más que un contrato que el gobierno puede definir a su antojo, ¿qué impide que las dos partes sean del mismo sexo? El desprecio del Estado (al menos el moderno Estado liberal) por el matrimonio auténtico parece no conocer límites.

Hay un caso en la historia que es ejemplar de esta actitud del Estadio hacia el matrimonio. Ese caso es el de Enrique VIII, rey de Inglaterra, quien convirtió su propio matrimonio en una burla. La historia no necesita ser repetida pues cualquiera la conoce. Este caso es paradigmático pues muestra, de forma clara, cómo el matrimonio, una vez que cae en las manos del Estado, es reducido a algo sujeto a los caprichos de los poderosos. En aquellos días estaba sujeto al rey, ahora, a los intereses económicos e ideológicos.

El matrimonio no tiene ninguna importancia para el Estado. Por ello, hoy en día, incumplir cualquier tipo de contrato (sobre todo si tiene que ver con alguna transacción comercial o involucra dinero) se castiga con grandes multas o incluso con prisión pero incumplir un contrato matrimonial se permite en prácticamente todos los países de Occidente. Por qué el moderno Estado liberal tienen tal odio al matrimonio, no lo sé, pero me queda claro de que hace todo por destruirlo.



When people talk about re-defining marriage, they do it as if it were some sort of novelty or one of the great advancements of our time. They seem to ignore (or rather, they do ignore) the fact that marriage was re-defined some centuries ago and that our modern day attempts at re-defining it are nothing but a continuation of that first blunder. They are also incapable of understanding that if there are those who oppose these attempts (and some who would actually like to revert marriage to its original condition), it is because they are aware of the havoc that was brought by this initial mistake.

This original re-definition, as many things in human history, can be seen in two levels: the superficial and visible level, or that of the institutions; and a more profound level which is that of the ideas and concepts of the whole culture. On the superficial level, it took place when marriage stopped being something that the State simply recognized but did not interfere with, and became something sanctioned by the State. On the deeper level, it occurred when marriage was no longer considered a covenant (in the biblical sense) between a man and a woman and began to be seen as one of the many things which today's philosophers, intellectuals and scientists consider it (and which is usually some vague concept on which they can't even agree). The details of how this came to be is a matter for historians and goes beyond the scope of this humble blog.

The way in which this change in the concept of marriage manifested itself is pretty obvious: marriage became a contract. That is the concept of marriage for the State (and for a large sector of society) today. The differences between a covenant and a contract are quite evident, beginning by the fact that a covenant is meant to last a lifetime, while a contract can be canceled. So the State decided to allow divorce. At first, of course, it was allowed only when both parts decided to terminate their marriage agreement and when the circumstances that led to it were grave. Later on, the State decided that there was no need to be so strict and allowed it for almost any reason. Today, divorce does not even require both parts to agree on it for it to take place and is allowed for even the most ridiculous reasons. As if that were not enough, we have governments seeking ways to make divorce trials “more efficient” (while other things that should be more efficient are left unattended), that is, faster and easier. In this manner, the exception has become the rule.

From this “contractualization” of marriage also stems another thing which is more subtle and, perhaps because of that, even more important. A covenant takes place between two persons, while a contract takes place between two parts. This change in terminology contains in itself a grave danger and explains, at least partially, the modern acceptance of divorce. This abstraction makes marriage something less personal and more of a legal matter. Through it, we no longer see marriage as the pinnacle of human love, but more as a business transaction. This is also why it is so hard to object to allowing so-called “same sex marriage”. If marriage has been turned into this contract which the government has the power to define, then what can impede the two parts from being of the same sex? The scorn of the State (at least the modern day liberal State) for true marriage seems to have no limits.

There is a case in history which is exemplary of this attitude of the State towards marriage. This case is that of Henry VIII, king of England, who turned his own marriages into a mockery. The story needs not to be repeated for anyone with a basic knowledge of world history knows it. This case is paradigmatic because it shows, in a clear and unmistakable manner, how, once marriage has fallen into the hands of the State, it is reduced to something subject to the caprice of the powerful. In those days it was subject to the King, nowadays, it is subject to economical and ideological interests.

Marriage has no significance for the State. That is why today, not fulfilling any other kind of contract (especially if it has to do with some form of commercial transaction or money) is punished with severe fines and even jail time, while failing to do so with a “marriage” contract is allowed in almost every country in the West. Why the modern liberal State has such contempt for marriage, I do not know, but it is clear to me that it is doing everything to destroy it.

4 comentarios:

Eetión dijo...

Que el Estado se limite a reconocer el matrimonio me parece una idea muy adecuada, pero entonces, ¿cómo protegemos al mismo y a sus consecuencias (los hijos entre ellas)?

Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Vivimos en una sociedad secular, y no en una teocracia. Por ese motivo, los estados toman medidas seculares. Que a la gente religiosa esto no le guste es otro problema. En todo caso, si el estado fuera religioso estariamos bajo una teocracia... y no habria libertad religiosa porque el estado tendria que elegir un dogma religioso y marginar las otras opciones, tanto las religiosas, como las seculares. De la Revolucion Francesa para aca, se acabo la religion en el estado. Por eso el matrimonio es un contrato, y no un sacramento.
Si alguien es catolico y considera que el matrimonio es un sacramento y es de por vida, pues esta en todo su derecho. Nadie le exige que se divorcie, el estado no le impone nada. Sin embargo, no puede pretender que el resto de la gente no tenga derecho a divorciarse porque el o ella no quiere divorciarse basandose en sus principios religiosos. Eso seria, vale la pena repetirlo, una teocracia. Una dictadura. Acaso los/as catolicos/as tienen creencias tan debiles que necesitan que el estado las sancione para poder llevarlas a cabo? Necesitan que el estado prohiba el divorcio para no divorciarse? Pues si, porque un porcentaje muy grande de catolicos/as se divorcia. Acaso vamos a impedirselo porque su propia religion se los prohibe? Pues no. Se trata de un problema religioso y moral en el que ustedes se metieron por su cuenta, y lo tienen que resolver por su cuenta. El estado no esta para resolver disputas morales y religiosas, a menos que sea una dictadura.
Por otro lado, el estado esta para garantizar los derechos iguales de todos y todas. A mi hay un monton de gente de derecha y religiosa que no me cae bien, no me gusta nada. Y creo que no deberian criar hijos porque les van a arruinar la vida. Sin embargo, no esta en mi derecho decidir que no puedan criar hijos. Por que? Pues es muy sencillo: porque los derechos de la gente no estan basados en las opiniones particulares de cada uno de nosotros. La ley debe ser igual para todos, de otro modo se viola la constitucion. De otro modo, se trata de una dictadura.

Anónimo dijo...

En este articulo se argumenta que el estado aplica el derecho de igualdad al matrimonio y lo considera un contrato cuando en realidad el estado debiera haber permanecido ajeno al matrimonio. Sin embargo, yo me pregunto: como puede el estado permanecer ajeno al matrimonio? Existen un monton de cuestiones asociadas al matrimonio que deben ser resueltas por el estado. Por ejemplo: la herencia, quien tiene derecho a heredar de quien. Por ejemplo: las uniones entre personas de diferentes paises. El estado debe poder regular que una persona pueda quedarse en el pais porque es pareja de alguien nativo. El matrimonio implica una regulacion de una gran cantidad de instancias de las cuales el estado no puede retirarse. Cuando una persona esta enferma y no se encuentra en condiciones de decidir sobre un tratamiento medico, su pareja es la que esta certificada para tomar tal decision. Si el estado no legitima esa union legal, como sabemos quien tiene derecho a tomar este tipo de decisiones?
Claro que podriamos vivir en una teocracia, o en una sociedad feudal, donde todas estas decisiones las toma la iglesia catolica. A la iglesia esto le encantaria, pero para las grandes mayorias seria una pesadilla.

Anónimo dijo...

De hecho, repasemos un poquito la historia del matrimonio:
1. En primer lugar el matrimonio no es una institucion eterna, sino que tal como lo define la iglesia catolica en tanto sacramento se decidio hace unos pocos siglos en el Concilio de Trento. Durante siglos y siglos, los y las catolicas se casaban sin que la iglesia considerara que eso era un sacramento inviolable y de por vida. Osea, incluso la idea de que el matrimonio es un sacramento de por vida es una invencion relativamente reciente.
2. Luego de que el Concilio de Trento impuso su vision del matrimonio como sacramento de por vida que implica la union de un hombre y una mujer, se impusieron medidas terribles. Por ejemplo, en Mexico y en Espana quienes se casaban en segundas nupcias sin poder divorciarse de la pareja anterior eran considerados "bigamos." Quien quiera saber que les pasaba a los bigamos puede ir al Archivo General de la Nacion en Mexico y chequear la sala colonial, en los documentos de la inquisicion. De hecho es bastante facil, solo hay que poner la palabra "bigamia" en una computadora que busca todos los archivos de la inquisicion. Les resumo la busqueda: pena de muerte para bigamos. Osea, si no estas de acuerdo con la iglesia y su prohibicion del divorcio te pueden hasta matar.
3. El matrimonio como sacramento impuso tambien la distincion entre hijos legitimos e hijos ilegitimos. Osea, quienes nacian fuera de un matrimonio sancionado por la iglesia eran parias que no tenian derecho a heredar. Pero ademas en general las personas ilegitimas no tenian derecho a muchas otras cosas, no conseguian trabajo por ejemplo. Y todo eso con la aprobacion de la iglesia, que de hecho hizo todo lo posible para que la distincion entre hijos legitimos e ilegitimos no desapareciera. Segun la iglesia catolica un nino o una nina nacidos/as de un matrimonio ilegitimos cargaban la "mancha" desde su nacimiento, y no debian tener derecho a las mismas cosas, no podian ser tratados iguales. Habian nacido de un pecado moral, y por tanto eran basuras humanas. Una maravilla, no? Ahora bien, quienes pretenden que el matrimonio no sea regulado por el estado, pretenden volver a esto?
4. Por ultimo, dado que la iglesia decidia quien podia casarse con quien, entre otras cosas el casamiento se privilegiaba entre personas catolicas y que tuvieran alma. Lo mas importante era preservar la "pureza de sangre" y no permitir que se casaran personas de diferentes castas. Fue asi que se hizo todo lo posible para impedir el casamiento entre personas de origen nativo, africano y europeo.
En suma, el matrimonio como sacramento es una institucion que es reciente en la tradicion catolica, de hecho el catolicismo paso mas siglos sin esta disposicion que bajo la misma. El matrimonio como sacramento implico condenar a muerte a quienes se divorciaran y volvieran a casar. El matrimonio como sacramento implico considerar que los hijos de matrimonios no legitimos eran basura humana. El matrimonio como sacramento fue un instrumento fundamental del imperio colonial y del racismo.
La iglesia hoy quiere que el matrimonio vuelva a ser un sacramento.

Los gays y las lesbianas pedimos lo opuesto: que el matrimonio sea regulado por el estado, que se lo regule con principios seculares, que quienes sean religiosos/as puedan practicar sus costumbres a su gusto sin que esas costumbres sean politica de estado, y que todos y todas seamos iguales y tengamos los mismos derechos. Los gays y las lesbianas queremos una sociedad democratica para todos y todas, no una dictadura teocratica para catolicos fanaticos/as.